La tristeza del Minotauro

Ir a ver las obras de un artista es para mi como ir a una cita importante : estoy a la espera de este encuentro, de lo que voy a descubrir, de lo que me va a conmover. Cuando tenía veinte años (es decir hace tiempo!) yo no lograba mirar las pinturas en frente, estaba petrificada por el efecto que me producían y por el trastorno duradero que me provocaban. Yo iba entonces a las expocisiones con parsimonia, contentándome con mirar los catálogos y protegiéndome así de un sentimiento confuso en mi misma que la obra me revelaba.

Con el paso del tiempo, y del análisis, redescubrí la fuerza del deseo frente a una obra, delante lo escurridizo que el artista trata por tanto de captar en su gesto: una pintura, una melodía, una obra de teatro. El poder de la presencia no tiene comparación, y es esta fuerza vital la que puede transportarnos, y a veces incluso hacernos huir! Hoy sé que las obras de arte tienen esa capacidad de ir a buscarnos allí donde no creemos estar.

La exposición Picasso no se apartó de ello, y yo fui a verla entusiasmada, a pesar de la cantidad de exposiciones de Picaso me dije : “Quiero volver a ver su trazo”. Primero me conmovió ver las pinturas del comienzo, muy clásicas, pero sobretodo las palomas y pichones que él pinta con tanta precisión y belleza. Palomas que encantaban a su padre y que él mismo pintaba. Este rasgo de transmisión me conmovió.

Luego, a medida que avanzaba en la exposición, el “trazo de Picasso” me captó: una mezcla de fuerza bruta y de tristeza retenida. Cuando pensaba en Picasso me decía: “Es un Minotauro que devora el mundo”. Tal vez he descubierto en esta exposición la tristeza del Minotauro, y es a través de los dibujos que esto en primer lugar me apareció.

Sin duda el dibujo, y los croquis preparatorios, mantienen una relación privilegiada con el pintor, y dejan aparecer sus primeros ímpetus así como sus contradicciones. Al lado de la avidez sale a la luz una manera de tristeza que contrasta con ese ímpetu decidido de captar el sujeto de la pintura en todas sus dimensiones: de frente, de perfil, por fuera, por dentro, lado masculino, lado femenino. Picasso penetra, fija, agarra, detalla su objeto sin compasión. Pero una tristeza hay allí, tal vez frente a lo que resiste, frente a lo que se escapa a pesar de todo.

Una exposición para no perderse!

© Luz Mery, 2017

Picasso

Fonds Hélène et Edouard Leclerc pour la Culture

Del 25 junio al 1o de Noviembre 2017

Capucins, 29800 Landerneau (France)

Fotos: LuzLibre.com

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